Medicina para todos

Reportaje

En los huesos, la otra pandemia

Los trastornos de la conducta alimentaria han crecido exponencialmente en los últimos años, empeorando los datos durante la pandemia por Covid 19

“Quiero comer saludable. Quiero estar más delgada. No me gusta mi cuerpo”. Estas son algunas de las afirmaciones que corren entre las adolescentes como forma de inicio de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). Sin ser una enfermedad infectocontagiosa, esta patología se extiende como la pólvora por todos los rincones, como una pandemia. Y el problema de la pólvora es que cuando la llama se ha prendido, es complicado y tedioso apagarla.

Aunque la anorexia comenzó a conocerse en la segunda mitad del siglo XX, diversos casos compatibles habían sido descritos previamente. La búsqueda puede remontarse al Corpus hipocraticum  (siglo V AC)  donde Hipócrates hizo una descripción de este tipo de patología. El esfuerzo de los investigadores es conocer qué es lo que está sucediendo, y el porqué de esta situación para intentar ponerle freno.

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son una enfermedad física y mental que se caracteriza por la realización de cambios en la conducta alimentaria del individuo y en las actitudes realizadas para controlar el peso, con una alteración de la percepción  de la imagen corporal que afecta a  unas 400.000 personas en España en la actualidad.

El por qué es más complicado, entran en juego varios factores. Los adolescentes son especialmente vulnerables, pues es la época de cambios por excelencia. Miedos y dificultad de aceptación chocan con una sociedad que vende imágenes de delgadez y cuerpos sin curvas a través de las pantallas, y se introducen por la retina grabándose a fuego en el cerebro. 

Espacio dedicado a la atención de TCA en el hospital de San Juan de Alicante

TRASTORNO Y SALUD

La Organización Mundial de la Salud (OMS)  define el concepto de ‘Salud’ como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

En este sentido, la pandemia por Covid 19 ha afectado a la población directamente con la enfermedad provocada por el SARS-COV 2, e indirectamente alterando el completo bienestar físico, mental y social al que se refiere la OMS de forma generalizada, y particularmente a los pacientes con TCA.

Los profesionales de la salud ya informaban del creciente aumento de los trastornos de la conducta alimentaria en los últimos años prepandemia. Tras el confinamiento domiciliario, tal y como informa el doctor Vicente Elvira, psiquiatra en el Hospital de San Juan de Alicante, los diagnósticos se han hecho sobre una patología más avanzada y grave, que junto con la desestabilidad de la patología crónica ha provocado una sobrecarga asistencial de casos relacionados con alteraciones de la ingesta alimentaria.

Los pacientes con trastornos de la conducta alimentaria tienen personalidad fijas, muy rígidas, expresa el doctor. Estructurando su día a día con minuciosidad como el que construye un edificio, y ante cualquier desequilibrio los andamios pueden venirse abajo. El confinamiento domiciliario facilitó este derrumbe alterando todas esas rutinas con un encadenamiento a cuatro paredes. El ejercicio físico tuvo que reinventarse dentro de los domicilios, y las relaciones sociales comenzaron a hacerse a través de una pantalla. El uso de redes sociales aumentó de forma creciente con las consecuencias que eso conlleva, expresa el psiquiatra.

El experto en salud mental explica que, si bien los casos siguen aumentando de forma progresiva, la asistencia solicitada no aumenta de forma paralela a este crecimiento de casos y esto tiene que ver entre otras cosas con el aumento de tolerancia a la delgadez por parte de toda la sociedad en general, incluyendo a los sanitarios.

La etiología o la causa de esta enfermedad no es única, implica a varios factores: factores genéticos, biológicos (que hacen referencia a anomalías en la neurotransmisión cerebral y disfunciones en el eje hormonal), psicológicos que pueden ser los desencadenantes de sintomatología en personas vulnerables; y finalmente los factores familiares (familias conflictivas, desorganizadas) y socioculturales (englobando las exigencias sociales, las relaciones de amistad, la publicidad, la información y la moda). Este último grupo de factores socioculturales, en definitiva, hace referencia al entorno, y es muy influyente. Sobre todo en el mundo desarrollado donde el estereotipo e ideal de belleza que se transmite a la población es el de mujer delgada y sin curvas.

TRASTORNO Y ENTORNO

Cinta métrica ‘encadenada’ a pantalla con likes

Principalmente internet ha facilitado la divulgación de numerosos blogs en los que se promueve la figura de ‘cuerpo perfecto’ a la vez que se hace difusión de trastornos de la conducta alimentaria. En España, la policía detectó unos 150 blogs, con un número de visitas entre 1500 y 8000 al mes, haciendo apología sobre los TCA, ofreciendo múltiples consejos para llegar a padecer la enfermedad y mantenerla. Introduciendo términos y adjetivos característicos de una tribu urbana, como ‘pro ana’ y ‘pro mia’, siendo ‘ana’ el identificativo de anorexia y ‘mia’ el identificativo de bulimia. Se inicia todo un movimiento, en el que participan jóvenes creándose lazos entre ellas y sentimiento de grupo ante un apoyo constante por mantener el cuerpo perfecto a base de restringir los alimentos. Con el auge de las redes sociales estos blogs han sido complementados por diferentes plataformas en los que estos personajes anónimos, dejan de serlo para presentar una imagen, su propia imagen.  Una fotografía,  entre las de otras personas, para mostrarse físicamente a una red de ‘amigos’. Esto hace que inmediatamente se reaccione a la imagen subida, tanto con likes, dislikes o comentarios de toda índole. Esta reacción inmediata o ‘aprobación’ recibida retroalimenta a la persona que ha subido la imagen.

No solo se reciben estímulos externos a través de las redes sociales, también desde la publicidad en la calle, la ropa que se vende en las diferentes casas comerciales… etc. Es cierto que progresivamente, la publicidad incluye más modelos de todas las tallas. Sin embargo, aún queda mucho por hacer. Los tallajes que se pueden adquirir en los diversos establecimientos se adecuan a un biotipo que no es el real, ni representativo de la población española, señala el doctor Elvira. No todos podemos tener el mismo físico, y menos ante un referente elegido al que puede acceder una minoría de la población con mucho esfuerzo y sacrificios. Tenemos un modelo irreal que la mayoría de los mortales no pueden conseguir, añade la psicóloga del centro CREA experta en TCA, Yolanda Quiles.

Los adolescentes están en una época especialmente vulnerable por el cambio que experimentan. Cambia todo, su cuerpo, su entorno, y comienzan a forjar amistades más similares a la vida adulta, señala la psicóloga.

Marta Tena, antigua paciente de TCA y autora del blog ‘Cómete tus miedos’, tras superar su anorexia expresa muy bien el miedo de la adolescencia para poder encajar en un nuevo lugar, en un nuevo entorno entre personas desconocidas. «El pensamiento de que el físico es lo que más cuenta y que hacer amigos puede ser complejo es constante. Además, en un mundo donde las redes sociales son tóxicas, es difícil no primar lo físico», explica.

Obsesión con sus medidas

Todos estos cambios hacen que sean especialmente sensibles al entorno que les rodea, en particular a las redes sociales en la actualidad. ¿Y quiénes son vulnerables? Todos, apunta la experta del centro CREA: «Porque todos son usuarios de las redes y por tanto están expuestos’»

Por su parte, Rocio Martín, licenciada en comunicación audiovisual y experta en oratoria, explica cómo se comunican los jóvenes en la actualidad, destacando el uso de video y voz, e interactuando en redes sociales. Añade que se debe enseñar a usar las redes sociales de una forma segura, porque no se puede esperar que los niños y jóvenes sepan utilizarlas de forma autodidacta por haber nacido en la época de auge de las mismas. «Sería la misma comparación que presuponer que por nacer en el siglo de oro de la literatura se sabe leer. Por eso es importante conocer cuales son las herramientas que tenemos disponibles y que los progenitores aprovechen los consejos de los expertos en la materia para aprender, porque no se puede controlar lo que se desconoce” señala.

En algunos casos incluso se censura directamente su uso, sin entender que las redes sociales pueden aportar muchos beneficios si se utilizan de la forma adecuada, explica Alejandro Fraile, profesor de educación física en secundaria, conocedor de primera mano de las rutinas deportivas de los alumnos adolescentes y del comportamiento en grupo en esta franja de edad. Señala que intenta transmitir a sus alumnos un mensaje de uso responsable, destacando lo expuestos que están ante las redes, pues hay una infinidad de miradas sobre el contenido que suben y que comparten, y que no pueden controlar. El profesor cita como ejemplo un anuncio televisivo de una compañía telefónica en el que ejemplifica cómo la sociedad puede conocer tu vida, a través de lo publicado en las redes sociales.

Las redes sociales son un amplio mundo y, sin embargo, no son concebidas de esta forma. Del mismo modo que puede parecer una locura dejar a un niño pequeño solo en la Gran Vía de Madrid, las redes sociales pueden hacer el mismo papel sobre un niño que se encuentre solo en un mar de redes, ante la infinidad de miradas. La sensación de peligro que se experimenta en ambas situaciones debe interpretarse de forma similar.  Un amplio mundo, con acceso global en el que exponerse puede ser muy peligroso si no se conocen las pautas adecuadas.

Implicar al adolescente para que desarrolle una actitud crítica ante las noticias a las que se expone es clave, expresa la experta en psicología. No creer que toda la información que se recibe a través de la pantalla, tanto visual como auditiva, es veraz por definición. Esta forma de prevención es lo que se conoce como alfabetización de los medios, es decir, enseñar a no ser meros espectadores del contenido en redes, procesar la información y decidir la veracidad de la misma. Además es necesario inculcar a los más pequeños la validez de todas las formas físicas señala la psicóloga, la validez de todo lo que se acompañe de una forma de vida saludable, añade el profesor de educación física.

Jóvenes realizando deporte

Relacionar la apariencia física con la salud es un error. Falta el bienestar mental y social que forma parte de los tres pilares a los que hace referencia la OMS para hablar de salud, citados al inicio del reportaje. Transmitir valores saludables es importante, al igual que es importante el objetivo de estos valores: estar sano, no tener un cuerpo diez.

“Cambiar el pensamiento de la sociedad puede ser posible si se inculcan estos valores desde la más tierna infancia, y para eso hay que involucrar a los padres”, señala el experto en deporte.

TRASTORNO Y PADRES

Los sanitarios expertos en trastornos de la conducta alimentaria tienen clara la importancia del soporte familiar en esta enfermedad, y la importancia primordial de que sean conscientes de la gravedad de la misma, así lo afirman Elvira y Quiles.

Los padres serán los primeros en percibir la alteración del comportamiento, y es importante que sepan cuándo deben empezar a preocuparse.

Un joven expresando su deseo de iniciar una dieta, o en el que se aprecien cambios  a la hora de realizar la ingesta, debe hacer saltar todas las alarmas. En muchas ocasiones los adolescentes inician dieta de forma autodidacta sin ningún tipo de supervisión ni base nutricional con el único objetivo de adelgazar sin hacerlo de forma saludable. Evitar comer con el resto de la familia y poner excusas para realizar la ingesta fuera de casa es algo que también se debe tener en cuenta.

En general esta iniciativa de realizar dieta por parte de los adolescentes es una forma de imitar a sus progenitores. Se debe entender que si los adultos quieren hacer dieta, los jóvenes también se lo van a plantear. Es importante ser cuidadosos en este sentido, apunta el doctor Elvira, “pues muchas restricciones alimentarias surgen por imitación a los progenitores”.

Este inicio de dietas sin supervisión marca el desarrollo de la mayoría de los casos de TCA, afirma la psicóloga. El profesor de Educación Física añade que, por lo general los adolescentes relacionan la pérdida de peso de forma directa con la disminución de ingesta, sin plantearse si el acto es saludable o no y sin tener en cuenta el resto de factores. A la vez que crecen incorporan a este adelgazamiento la práctica de ejercicio físico sin supervisión, realizando en ocasiones entrenamientos incorrectos o sobreentrenos que pueden causar lesiones.

Es clave que a los padres se les transmita la gravedad de la situación y sean conscientes de la importancia de la enfermedad. Darles pautas para saber gestionar situaciones difíciles en el transcurso del cuadro les ayudará en el día a día como cuidadores de una enfermedad que existe 24 horas, los 365 días del año. No dejar al margen a los progenitores es clave, apunta la psicóloga. Que explica parte del proyecto ECHO MANTRA, en el que se involucra a progenitores, familia y enfermos, con el objetivo de ofrecer pautas, aportar técnicas y posibilidades de mejora tanto para la familia como para los enfermos.

El entender la comida como un acto familiar diario será clave en la recuperación, es algo en lo que coinciden tanto los expertos en sanidad consultados como la expaciente. La comida debe ser un espacio agradable, donde contar cómo ha ido el día, qué ha sucedido y cómo se siente cada miembro familiar, al mismo tiempo que se supervisa la ingesta realizada.

 SIN TRASTORNOS

Anotación en cuaderno, ¿Quién soy?

 La importancia de hacer valer a la persona es básico, explica la experta en TCA. “En ocasiones las pacientes pasan tanto tiempo con la enfermedad que les genera una identidad, y tienen miedo de ‘superarlo’ porque ¿Quiénes serán fuera de un mundo sin el trastorno?”, apunta Quiles. Caminan junto a la enfermedad como si la enfermedad llevará las riendas del día a día, y el superarla o ‘perderla’ les hace sentirse desbocados y solos.

Quitar esta etiqueta será la clave para enfrentarse al mundo, pero para ello es necesario reiniciar el camino y entender por qué se ha comenzado ese sendero, para poder caminar hacia la meta de superar la enfermedad. Entender que la identidad que aporta el TCA, es solo una etiqueta de la que se puede prescindir es clave, señala la psicóloga.

Entendiendo que no se necesita de apodos, ni etiquetas para ser uno mismo y ofrecerle al mundo la auténtica validez de cada persona. Será la forma de que se logren superar los altos y bajos del camino, los baches y recaídas que forman parte de todo proceso de recuperación.  Hasta la nueva vida sin ningún trastorno.

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